El petróleo se desplomó el martes en la mayor caída en semanas: el WTI cayó 3,19% hasta USD 89,42 por barril y el Brent 2,69% hasta USD 97,64, después de que un funcionario iraní señalara que Teherán está dispuesto a reabrir el estrecho de Ormuz «en un plazo de siete días» si Washington reduce la presión militar y levanta el bloqueo naval. La noticia llegó cuando el presidente iraní Masoud Pezeshkian viajaba a Nueva York para la Asamblea General de la ONU, aunque Trump moderó las expectativas al declarar que un acuerdo con Irán probablemente llegaría «justo después de las elecciones» de noviembre, mientras además deslizó la posibilidad de imponer una prohibición a las exportaciones de diésel estadounidense. El derrumbe del crudo revierte buena parte de la prima de riesgo geopolítico acumulada en las últimas semanas por los ataques a infraestructura petrolera saudita y rusa. El mercado petrolero sigue demostrando una sensibilidad extrema a cualquier titular diplomático, en cualquier dirección.
Las refinadoras estadounidenses fueron las más golpeadas por el desplome del crudo: Marathon Petroleum cayó 3,16% hasta USD 389,68 y Valero Energy 4,10% hasta USD 377,14, en medio de una revisión bajista de Jefferies sobre Marathon y un volumen inusualmente alto de operaciones bajistas con opciones «put» sobre la acción. La caída resulta paradójica a primera vista —un crudo más barato debería abaratar la materia prima de las refinerías—, pero refleja el temor del mercado a que una eventual reapertura de Ormuz también inunde de producto refinado a nivel global, comprimiendo los márgenes de refinación («crack spreads») que han sido excepcionalmente altos este año. Varias casas de análisis, incluidas Goldman Sachs, Morgan Stanley y Piper Sandler, habían elevado sus precios objetivo sobre Marathon apenas días antes, lo que subraya lo repentino del cambio de sentimiento. El episodio muestra que la relación entre precios del crudo y acciones de refinación no siempre es directa ni intuitiva.
Las acciones de defensa retrocedieron en bloque ante la perspectiva de un «dividendo de paz» en Medio Oriente: Northrop Grumman cayó 3,19% hasta USD 509,86, General Dynamics 2,97% hasta USD 343,39, Lockheed Martin 2,44% hasta USD 522,34 y RTX Corporation 1,72% hasta USD 190,99. El movimiento refleja la lectura del mercado de que una eventual desescalada entre Washington y Teherán —con la oferta iraní de reabrir el estrecho de Ormuz como primera señal concreta— reduciría la demanda de gasto militar de emergencia que ha sostenido las valoraciones del sector durante buena parte de 2026. La caída generalizada del sector de defensa contrasta con el alivio en los mercados de renta variable en general, evidenciando cómo la misma noticia geopolítica puede generar ganadores y perdedores claramente definidos dentro del propio mercado accionario. Ninguna de las cuatro compañías emitió comentarios oficiales sobre el movimiento de sus acciones.
Charles Schwab se desplomó 6,11% hasta USD 100,35 en su peor sesión en meses, después de que varios analistas revaluaran la economía de las firmas de corretaje sensibles a las tasas de interés y advirtieran sobre el riesgo que representa la inteligencia artificial para el modelo de negocio tradicional de intermediación financiera. La caída se produce apenas una semana después del primer alza de tasas de la Fed en tres años, un movimiento que en teoría debería beneficiar los ingresos netos por intereses de firmas como Schwab, lo que sugiere que la narrativa de «riesgo de IA» pesó más que el fundamento de tasas en la sesión. Varias notas de analistas señalaron específicamente la posibilidad de que asesores financieros automatizados y agentes de IA erosionen las comisiones y los flujos de activos hacia plataformas tradicionales de corretaje. El movimiento fue uno de los más marcados del día en el sector financiero, muy por encima del retroceso general del Dow Jones.
Donald Trump se reunió el martes con la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, en el hotel Lotte New York Palace, durante una recepción para líderes extranjeros en el marco de la Asamblea General de la ONU: el primer encuentro cara a cara entre un presidente estadounidense en funciones y un mandatario venezolano en más de 11 años. Al encuentro, descrito por la Casa Blanca como «breve» y sin agenda detallada de antemano, asistieron también el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario del Tesoro Scott Bessent, la jefa de gabinete Susie Wiles y el subjefe de gabinete Stephen Miller; los temas abordados incluyeron cooperación estratégica en energía, minería y seguridad, la reinserción de Venezuela en espacios multilaterales, y apoyo tras los terremotos del 24 de junio. Rodríguez calificó el encuentro de «histórico» en redes sociales, señalando que conversaron sobre «el fortalecimiento de la relación bilateral», mientras el formato —notablemente más informal que las reuniones bilaterales de Trump con líderes de Francia, Reino Unido o Japón— sugiere que Washington aún mantiene una distancia diplomática calculada pese a la relevancia geopolítica del momento. El encuentro llega en medio del control directo que Washington mantiene sobre buena parte de los ingresos petroleros venezolanos desde la captura de Maduro en enero.
