Estados Unidos se retiró oficialmente de la Organización Mundial de la Salud, dejando a la agencia de la ONU sin uno de sus mayores financiadores tras una decisión impulsada por el presidente Donald Trump. Washington justificó la salida por lo que calificó como una mala gestión de la pandemia, falta de reformas internas e influencia política indebida, acusaciones que la OMS rechaza. La retirada implica el fin total del financiamiento estadounidense, la salida de personal y la suspensión de cientos de colaboraciones, pese a que el país adeuda cerca de USD 260 millones. La OMS advirtió que la decisión perjudica tanto a EE. UU. como a la salud global, destacando su rol en la lucha contra polio, VIH, mortalidad materna y control del tabaco. Estados Unidos afirmó que buscará acuerdos bilaterales y trabajará con ONG y grupos religiosos, aunque sin detallar mecanismos concretos ni alianzas definidas. La salida reaviva críticas a la gestión estadounidense del Covid-19, marcada por una respuesta fragmentada y politizada que contribuyó a una de las tasas de mortalidad más altas del mundo.
La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó el último paquete de proyectos de ley de financiamiento del gobierno a solo 8 días de un posible cierre parcial que comenzaría el 30 de enero. Las cuatro leyes cubren cerca de USD 1,2 billones en gasto y financian áreas clave como Defensa, Salud, Seguridad Nacional, Educación, Transporte y Vivienda. Aunque la Cámara controlada por los republicanos logró aprobarlas, ahora el Senado debe revisarlas y votarlas cuando regrese la próxima semana. El proceso podría complicarse por una tormenta invernal y por tensiones políticas, especialmente en torno al presupuesto del Departamento de Seguridad Nacional. Los demócratas han advertido que podrían bloquear ese proyecto tras un tiroteo mortal protagonizado por un agente migratorio, mientras algunos republicanos exigían cambios en la regulación del combustible E15. Donald Trump advirtió que el país podría enfrentar otro cierre gubernamental, responsabilizando potencialmente a los demócratas si no se alcanza un acuerdo final.
El impulso de Donald Trump para asegurar derechos minerales en Groenlandia busca principalmente bloquear el acceso de China y Rusia a recursos estratégicos del Ártico, en especial a las tierras raras, clave para defensa, robótica y tecnologías avanzadas. Trump indicó que el marco del acuerdo, anunciado en Davos, incluiría derechos minerales para Estados Unidos y socios aliados, aunque con pocos detalles públicos hasta ahora. Groenlandia posee la octava mayor reserva mundial de tierras raras, con alrededor de 1,5 millones de toneladas, y algunos proyectos clave han tenido participación financiera china, lo que ha generado preocupación en Washington. Analistas señalan que un acuerdo que priorice a Estados Unidos podría impedir que empresas chinas retomen el desarrollo de esos recursos en el futuro. Aun así, Trump insiste en que su interés no es la explotación minera sino la seguridad nacional y el control estratégico del Ártico frente a Pekín y Moscú. Expertos advierten que la minería en Groenlandia es costosa y compleja por su clima, infraestructura limitada y altos costos logísticos, lo que reduce su atractivo económico a corto plazo.
Donald Trump demandó a JPMorgan Chase y a su CEO Jamie Dimon por el cierre de cuentas suyas y de entidades vinculadas en 2021, acción que la demanda califica como motivada políticamente tras los eventos del 6 de enero. La querella, presentada en un tribunal estatal de Florida, reclama al menos 5.000 millones de dólares en daños y acusa al banco de discriminación política y “debanking” injustificado. Trump afirma que el banco actuó para distanciarse de sus posiciones conservadoras y seguir la marea política del momento. La demanda también sostiene que JPMorgan habría incluido a Trump y a sus empresas en una supuesta “lista negra” compartida con otras entidades financieras. JPMorgan negó las acusaciones y aseguró que no cierra cuentas por razones políticas, sino por riesgos legales y regulatorios. El banco afirmó que la demanda carece de mérito y que se defenderá en los tribunales.
Intel superó las expectativas en resultados del cuarto trimestre, pero sus acciones se desplomaron hasta 13% tras presentar una guía débil para el primer trimestre, la compañía proyectó ingresos entre USD 11,7 y USD 12,7 mil millones y ganancias ajustadas cercanas a cero, por debajo de lo esperado por el mercado, el CFO explicó que la debilidad se debe a limitaciones de oferta que afectarían la demanda estacional y que mejorarían en el segundo trimestre, el CEO Lip-Bu Tan señaló que los rendimientos de producción aún están por debajo de sus objetivos aunque en línea con los planes internos, Intel reportó una pérdida neta de USD 600 millones frente a una pérdida de USD 100 millones el año previo, pese a ello persiste el optimismo por su tecnología 18A, el negocio de fundición y el crecimiento de chips para centros de datos e inteligencia artificial, cuyos ingresos subieron 9% interanual.
