El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años superó 4,75%, su nivel más alto desde enero de 2025, en medio de una liquidación generalizada de bonos por temores fiscales y expectativas de un ajuste monetario más agresivo. El repunte del petróleo cerca de 3% tras la amenaza de Trump contra Irán intensificó la presión inflacionaria sobre la deuda soberana. Las tasas hipotecarias en EE.UU. alcanzaron su nivel más alto desde junio de 2025, encareciendo el financiamiento para compradores de vivienda y otros deudores. Bancos importantes ajustaron sus proyecciones tras el discurso de Jackson Hole del presidente de la Fed, Kevin Warsh, y ahora anticipan un posible aumento de tasas en la reunión del 16 de septiembre.
El secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, afirmó que el gobierno japonés y el Banco de Japón «harán lo necesario» para fortalecer el yen, en declaraciones que el mercado interpretó como una señal de alza de tasas. «Tengo información que el mercado no tiene», dijo Bessent, agregando que los inversionistas ya están descontando ese escenario. El yen ronda 159,73 por dólar, cerca del umbral de 160 que históricamente activa alertas de intervención. Las expectativas apuntan ahora a un alza del Banco de Japón en su reunión del 17 y 18 de septiembre, la segunda del año tras la de junio, en momentos en que la debilidad del yen encarece las importaciones.
El PMI manufacturero oficial de China subió a 49,8 en agosto, por encima del pronóstico de 49,6 pero aún por debajo del umbral de expansión de 50 puntos por segundo mes consecutivo. El subíndice de manufactura de alta tecnología alcanzó 52,9, mostrando una expansión sostenida en componentes de hardware de inteligencia artificial pese a la debilidad general de la economía. El PMI no manufacturero se mantuvo en 49,0, su nivel más débil desde diciembre de 2022, con el empleo cayendo a 48,7 y las pequeñas empresas en 47,9. La divergencia —fortaleza exportadora ligada a IA frente a debilidad del consumo interno— aumenta la presión sobre Pekín para anunciar nuevos estímulos.
La Casa Blanca reveló nuevos detalles del acuerdo petrolero con Venezuela: el Pentágono, a través de su Oficina de Capital Estratégico, tomará una participación de 35% en North American Blue Energy Partners (NABEP), la empresa liderada por el empresario venezolano Alejandro Betancourt que recibió derechos por 100 años sobre 17 campos petroleros con 65.000 millones de barriles en reservas probadas, muchos antes operados por firmas rusas o chinas. NABEP se comprometió a invertir USD 100.000 millones en infraestructura, y Washington aseguró el derecho de comprar 20% de la producción a precio de costo a través del Departamento de Estado. Trump declaró que Venezuela «tenía un valor increíble que estaba dormido, pero vamos a quedarnos con todo eso», aunque admitió que la baja en los precios de la gasolina en EE.UU. tomará tiempo. El anuncio llega días después de que la presidenta interina Delcy Rodríguez firmara el convenio original.
El nombramiento de Alejandro Betancourt como pieza central del acuerdo generó recelo entre grandes petroleras: según fuentes citadas por Reuters, ejecutivos del sector «quieren asegurarse de no sentarse en la misma mesa que Betancourt», empresario apodado «bolichico» en Venezuela y que enfrentó investigaciones por lavado de dinero y fraude cambiario en España y Suiza, esta última con un pedido de extradición retirado en mayo. ExxonMobil y ConocoPhillips, que abandonaron Venezuela tras la nacionalización de 2007, sostienen que «los requisitos de certeza jurídica y respeto de contratos aún no se cumplen» para reingresar al país. La estructura del acuerdo también genera temor entre privados de tener que competir directamente con el propio gobierno de EE.UU. dentro de Venezuela. Pese a las dudas, compañías como Chevron, Eni, ONGC y GeoPark continúan avanzando con proyectos energéticos propios en el país.
